Javier González Encinas

Ataques de pánico o crisis de ansiedad: cómo se viven, qué síntomas tienen y cuándo pedir ayuda

Metáfora de la ola que representa los ataques de pánico y las crisis de ansiedad

La metáfora de la ola

En consulta utilizamos a menudo la metáfora de la ola para explicar los ataques de pánico y las crisis de ansiedad, especialmente cuando alcanzan niveles tan intensos que la persona piensa que va a morir o que no hay salida posible. Aunque la experiencia varía, existe un patrón común que nos ayuda a comprender cómo surgen, cómo se sienten y cuándo debemos pedir ayuda.

Empieza poco a poco, llega a niveles tan intensos que la persona puede pensar que va a morir, que se encuentra fatal y que no hay salida posible.

Las experiencias varían: algunas personas lo relacionan con un ataque al corazón, otras con molestias digestivas, otras con alteraciones en la visión. Distintas formas de vivir un mismo fenómeno.

Cuando este episodio se desata, muchas veces los servicios de urgencias médicas son el primer punto de contacto. Allí suelen preguntar si ha habido consumo de alguna sustancia que pueda explicar el cuadro. Sabemos que diversas sustancias pueden provocar crisis ansiosas.

Además, las personas con ataques de pánico presentan a menudo sensibilidades específicas: a la estimulación respiratoria, al consumo de cafeína, o incluso a sustancias como el isoproterenol, entre otras.

Comprender mejor los ataques de pánico y crisis de ansiedad permite a muchas personas anticipar señales tempranas y pedir ayuda a tiempo.


Ansiedad, crisis y ataques de pánico: cómo diferenciarlos

Con frecuencia se confunden términos que aparecen en redes o que incluso usamos los clínicos: ansiedad generalizada, crisis de ansiedad, ataques de pánico, ansiedad específica.

Una forma sencilla de explicarlo es pensar en intensidades diferenciadas de ansiedad:

  • Ansiedad continua: preocupaciones recurrentes que generan malestar e interfieren en el día a día. La persona salta de un tema a otro, anticipando cosas que podrían suceder.
  • Ansiedad extrema (ataque de pánico o crisis de ansiedad): miedo o malestar insostenible que aparece de forma repentina. En pocos minutos la persona presenta todo el cuadro clínico. Puede ser esperado o inesperado. En la práctica, muchas veces se utilizan ambos términos como sinónimos, aunque no todas las crisis ansiosas alcanzan la intensidad de un ataque de pánico.
  • Ansiedad localizada: miedo o malestar intenso vinculado a un objeto o situación concreta (perros, insectos, hablar en público…). Funciona con un esquema anticipatorio y no siempre implica una crisis.

👉 La diferencia clave está en el impacto funcional:

  • La ansiedad continua desgasta poco a poco, afectando a la concentración y al descanso.
  • La ansiedad localizada limita en contextos concretos (ej. no presentarse a una reunión por miedo a hablar en público).
  • El ataque de pánico interrumpe bruscamente la vida cotidiana, llevando en muchas ocasiones a urgencias médicas y generando un miedo constante a que vuelva a ocurrir.

Síntomas de un ataque de pánico

Los síntomas más habituales que refieren los pacientes son:

  • Corazón acelerado, sudor, temblores.
  • Dolor en el pecho o en el abdomen.
  • Mareo, sensación de desmayo, escalofríos o calor intenso.
  • Dificultad para respirar.
  • Miedo a morir o volverse loco.

En algunos casos también se describe la sensación de verse desde fuera o de que lo que ocurre no es real (despersonalización o desrealización).

Estos síntomas pueden llevar a confusión diagnóstica y a interpretar la crisis como un problema médico grave, lo que explica las frecuentes visitas a urgencias.

Si quieres profundizar más puedes consultar el siguiente enlace donde se explora la relación entre el consumo de cafeína sobre los ataques de pánico


El miedo a nuevos ataques

Ponernos en el lugar de quien lo padece ayuda a entender por qué aparece una preocupación constante por sufrir nuevos episodios.

Algunas personas consideran “aceptable” tener una crisis en un entorno como el camino a casa, pero “inaceptable” que ocurra en otros lugares como el trabajo. Esto puede llevar a organizar el día a día en torno a la evitación de la experiencia sintomatológica.


Qué hacer en medio de una crisis: surcar la ola

Cuando alguien me pregunta qué hacer en un ataque de pánico o una crisis de ansiedad, suelo recurrir a la metáfora del surfista: el objetivo no es luchar contra la ola, sino aprender a surcarla hasta que pierde fuerza.

Una de las técnicas más efectivas en ese momento es la respiración. No se trata de “respirar hondo”, sino de prolongar la exhalación. Recomiendo a los pacientes seguir un ritmo sencillo:

  • Inhalar suavemente por la nariz, contando hasta 3 o 4.
  • Exhalar lentamente por la boca, contando hasta 6 o 7.

Les anticipo que es muy fácil decirlo, pero lo difícil es hacerlo en plena crisis. Aun así, mantener la atención en la respiración suele generar un sentimiento de control frente a la pérdida de control experimentada en el pasado, y muchas veces marca un punto de inflexión para futuras crisis.

Esta pauta ayuda a reducir la hiperventilación y a activar la parte del cuerpo que favorece la calma. Dicho de otro modo: permite que la respiración se convierta en un ancla para recuperar control en medio de la tormenta.

Ahora bien, como la ansiedad tiene un foco principal en la evitación, debemos ser cautos con tratar de “controlar” o “eliminar” la respuesta ansiosa, ya que esta es útil y nos aporta información.

En consulta suelo recomendar que dejemos que la sensación nos acompañe, no tratar de combatir contra ella, y aprendamos a relacionarnos con ella de otra forma.

Un apunte clínico importante
Es interesante observar que incluso en la edad adulta hay personas que, aun teniendo un diagnóstico confirmado y aceptándolo, siguen acudiendo al médico o a urgencias con cuadros similares.

Estos casos se relacionan más con los trastornos de síntomas somáticos y relacionados, de los que hablaremos con más detalle en una próxima entrada del blog.


Cuándo debo buscar ayuda

Un esquema sencillo para decidir si conviene consultar a un profesional:

  1. ¿Sucede una vez a la semana durante varios meses seguidos?
  2. ¿Sucede diariamente durante una semana, aunque luego pase tiempo sin repetirse?
  3. ¿Sucede varias veces al mes durante años?

Si la respuesta es “sí” a alguno de estos puntos, lo recomendable es acudir a un clínico.


Conclusión

Las personas que padecen crisis ansiosas o ataques de pánico suelen anticipar la aparición de síntomas incontrolables y, en ocasiones, recurren a drogas (como alcohol o fármacos) o a conductas extremas (p. ej. restricciones alimentarias) para intentar regularlos.

No es necesario soportar tanta inestabilidad. Con las herramientas adecuadas y un acompañamiento profesional, se puede reducir la frecuencia e intensidad de las crisis y recuperar la tranquilidad.

👉 Si en algún momento te has sentido identificado con lo que has leído, recuerda: no tienes por qué enfrentarlo solo/a. Podemos trabajar juntos para que la ansiedad deje de condicionar tu vida.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura un ataque de pánico?
Aunque la sensación es de “eternidad”, el pico del ataque suele durar unos minutos y remite en menos de media hora. Lo que sí puede quedarse más tiempo es la sensación de agotamiento y el miedo a que vuelva a ocurrir.

¿Un ataque de pánico puede causar un infarto?
No. Aunque los síntomas se parezcan (dolor en el pecho, palpitaciones, falta de aire), el ataque de pánico no daña al corazón. Lo que sí ocurre es que muchas personas terminan en urgencias la primera vez, convencidas de que es algo grave.

¿Qué hacer si me da un ataque de pánico en público?
Lo mismo que en cualquier otro lugar: intentar surcar la ola. Centrar la atención en la respiración (inhalar 3–4 segundos, exhalar 6–7) y recordarse que pasará. Si puedes, apóyate en alguien de confianza en lugar de huir corriendo del sitio: cuanto más evitamos, más se refuerza el miedo.


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