Javier González Encinas

¿Por qué tantas mujeres llegan a la edad adulta sin saber que tienen TDAH?

Representación del esfuerzo mental y la sobrecarga cognitiva que muchas mujeres con TDAH experimentan en su vida diaria.

Durante muchos años, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se ha asociado casi exclusivamente a la imagen de un niño inquieto, impulsivo y con dificultades para permanecer sentado en clase. Sin embargo, esta representación deja fuera a muchas mujeres que han convivido durante años con un importante malestar sin sospechar que pudiera estar relacionado con el TDAH.

No es extraño que algunas personas lleguen a consulta diciendo frases como:

«Siempre he pensado que era desorganizada.»

«Necesito hacer listas para absolutamente todo.»

«Soy muy perfeccionista, pero procrastino constantemente.»

«Siento que mi cabeza nunca descansa.»

En muchas ocasiones, estas dificultades llevan años presentes. Sin embargo, el esfuerzo realizado para compensarlas hace que el problema pase desapercibido tanto para la propia persona como para quienes la rodean.

¿Por qué el TDAH suele diagnosticarse más tarde en mujeres?

Aunque el TDAH puede aparecer tanto en hombres como en mujeres, la forma en la que suele manifestarse no siempre es la misma.

En muchas mujeres predominan las dificultades relacionadas con la atención y la organización, mientras que la hiperactividad puede expresarse de una forma mucho más interna. En lugar de una actividad motora evidente, es frecuente encontrar una sensación constante de inquietud mental, pensamientos que cambian rápidamente de un tema a otro o una dificultad persistente para «desconectar».

Si quieres conocer con más detalle qué es el TDAH, cómo se manifiesta en la edad adulta y en qué consiste una evaluación clínica, puedes consultar mi página sobre TDAH en adultos.

Esta presentación menos llamativa hace que muchas niñas no llamen la atención durante la infancia y que las dificultades se interpreten como problemas de personalidad, falta de organización o incluso ansiedad.

Cuando el esfuerzo por compensar acaba ocultando el problema

Uno de los aspectos que más frecuentemente observo en consulta es la enorme capacidad que muchas mujeres desarrollan para compensar sus dificultades.

No es raro encontrar estrategias como:

  • Elaborar listas para absolutamente todo.
  • Revisar repetidamente las tareas por miedo a cometer errores.
  • Preparar con excesiva antelación cualquier actividad.
  • Mantener un elevado nivel de autoexigencia.
  • Asumir una gran responsabilidad para evitar olvidos.

Desde fuera, estas personas pueden parecer extraordinariamente organizadas.

Sin embargo, desde dentro suelen describir una sensación muy diferente: necesitan invertir muchísimo más esfuerzo que otras personas para obtener resultados similares y viven con la sensación de estar siempre al límite del desbordamiento.

Ahora bien, sentirse identificado con estas experiencias no significa necesariamente tener TDAH. En momentos de elevado estrés, ansiedad, depresión o sobrecarga vital también pueden aparecer dificultades de atención, organización o concentración muy similares. Por ello, resulta fundamental realizar una evaluación clínica que tenga en cuenta la historia de la persona, el contexto en el que aparecen los síntomas y el impacto que estos han tenido a lo largo de su vida.

En consulta es relativamente frecuente encontrar personas que llegan convencidas de que tienen TDAH porque han encontrado información con la que se identifican. En ocasiones la sospecha se confirma; en otras, esa búsqueda responde al intento de encontrar una explicación coherente al malestar que están experimentando. Precisamente por eso, el objetivo de la evaluación no es poner una etiqueta, sino comprender qué está ocurriendo y ofrecer la intervención más adecuada.

El TDAH en mujeres afecta mucho más que a la atención

Cuando pensamos en TDAH solemos imaginar únicamente dificultades para concentrarse.

Sin embargo, en la edad adulta también son frecuentes las dificultades para regular las emociones.

Muchas personas describen que se frustran con facilidad, reaccionan de forma intensa ante pequeños contratiempos o sienten que les cuesta recuperar la calma después de una discusión. A ello se suma la dificultad para mantener la atención de forma sostenida, organizar tareas complejas o gestionar adecuadamente el tiempo.

Por este motivo, el impacto del TDAH suele extenderse mucho más allá del ámbito académico y puede afectar al trabajo, las relaciones personales, la autoestima o la sensación de eficacia personal.

¿Con qué puede confundirse el TDAH en mujeres?

Precisamente porque muchas mujeres desarrollan estrategias de compensación muy eficaces, el TDAH puede confundirse con otros problemas psicológicos.

Es relativamente frecuente que aparezcan diagnósticos de ansiedad o depresión antes de considerar la posibilidad de un TDAH. En cuanto a los trastornos de ansiedad, ambas condiciones pueden compartir dificultades de concentración, inquietud y una sensación constante de sobrecarga. Sin embargo, el origen y el funcionamiento de estos síntomas suelen ser diferentes.

Del mismo modo, algunas personas reciben inicialmente un diagnóstico de depresión, especialmente cuando predominan el agotamiento, la baja autoestima o la sensación de no rendir como esperan.

Además, el esfuerzo continuado por mantener el rendimiento puede favorecer el agotamiento emocional y una importante sensación de fracaso personal.

Esto no significa que todas las personas con ansiedad o depresión tengan TDAH, ni que ambos problemas sean incompatibles. De hecho, pueden coexistir. Por eso resulta fundamental realizar una evaluación clínica completa que permita comprender qué está ocurriendo realmente.

Comprender el pasado desde una nueva perspectiva

Recibir un diagnóstico de TDAH en la edad adulta no cambia lo que una persona ha vivido.

Pero sí puede cambiar profundamente la forma en que interpreta su historia.

Muchas mujeres dejan de verse como personas «vagas», «desorganizadas» o «incapaces» y comienzan a comprender que muchas de sus dificultades tenían una explicación distinta.

Este cambio no elimina automáticamente los problemas, pero suele reducir la culpa y permite empezar a construir estrategias mucho más ajustadas a sus necesidades.

¿Cuándo merece la pena consultar?

Si te has sentido identificada con varias de las situaciones descritas en este artículo y estas dificultades interfieren de forma significativa en tu trabajo, tus estudios, tus relaciones o tu bienestar, puede ser recomendable realizar una evaluación psicológica específica.

Un diagnóstico adecuado no consiste únicamente en completar un cuestionario. Requiere explorar la historia evolutiva, el funcionamiento actual, el impacto de los síntomas y descartar otras dificultades que puedan explicar el malestar.

Comprender qué está ocurriendo suele ser el primer paso para encontrar estrategias realmente útiles y dejar de atribuir las dificultades a un supuesto «fallo personal».

Una buena evaluación no busca confirmar un diagnóstico, sino comprender qué está ocurriendo realmente.

Si al leer este artículo has reconocido dificultades que llevan años acompañándote y afectan de forma significativa a diferentes ámbitos de tu vida, puede ser útil realizar una evaluación psicológica. El objetivo no es confirmar una sospecha a toda costa, sino comprender qué está ocurriendo realmente y valorar qué explicación se ajusta mejor a tu caso.

Si deseas realizar una evaluación o resolver cualquier duda sobre este proceso, puedes ponerte en contacto conmigo.

Referencias

Este artículo ha sido elaborado a partir de guías clínicas, documentos de consenso internacionales y literatura científica revisada por pares. Si deseas profundizar en el tema, puedes consultar las siguientes referencias:

Asociación Americana de Psiquiatría. (2022). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed., texto revisado; DSM-5-TR). American Psychiatric Association Publishing. https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425770

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